Anna Vísel grandit en Argentine.
L'Argentine aussi grandit en elle.

 

Œuvre

    • Notes
    • Manuel Braga
    • Si Borges tuviera un blog
    • Soy, literalmente, Borges
    • Llamado telefónico
    • Desorden en el blog
    • 1º Conversación entre Manuel y Gastón
    • Posibilidades de conversación
    •  
    • Publication / Vente

    Notes

    Site de l'auteure : Anna Vísel, Manuel Braga
    Librairies :

    PALIMPSESTE
    16 rue du Santeuil
    75005 Paris

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    La correspondance entre Manuel Braga et Gastón, son assistant, s'étend de septembre 2005 à janvier 2011, décembre n'étant pas encore arrivé.

    Elle est écrite en espagnol, d'Argentine, et fait donc usage du « vos » au lieu de « tu » et de quelques autres différences grammaticales et orthographiques.

    Cette correspondance n'a pas été régulière, mais elle n'est pas finie.

    Les extraits ici montrent différentes affinités entre Manuel Braga et Gastón. Rien ne s'est dit entre eux deux pendant parfois plusieurs semaines, voire une année entière.

    Leur occupation respective peut expliquer cette curiosité. Elle n'a pas toujours été non plus juste, certaines lettres n'ont pas reçu d'échange.

    Le premier texte est une présentation de Manuel Braga par lui-même, qui ne figure curieusement pas en premier lieu, elle a été écrite en janvier 2006, cinq mois après qu'a commencé cet échange. Le deuxième est une série de dialogues. Il ne s'agit en effet pas seulement de correspondances.

    L'éditeur

    Manuel Braga se presenta

    «Soy un hombre sincero. No me gusta la mayonesa ni la mermelada de kiwi. Tengo para mí, que los buenos modales siguen ocupando el primer puesto en la larga lista de sacrificios que hay que hacer para conquistar mujeres, si se las quiere bellas y sanas. No cruzo la calle en diagonal cuando he bebido champagna. Duermo del lado derecho de la cama, así esté solo o acompañado.

    Soy diestro en las matemáticas y ducho en la doma de tigres de bengala. Detesto con denodado fervor cualquier tipo de contacto que pudiera llegar a tener con una persona de estatura mayor a la mía, sea del origen que fuera. Sobre todo si el contacto se lleva a cabo en la parte del cuerpo que va desde la altura de los codos hasta los rabillos de los ojos.

    Odio las vueltas en calesita y a los historiadores.

    Soy absolutamente capaz de pasear a mi perro a las cinco de la tarde por la calle Malabia, pero no me pidan bajo ningún concepto, que acepte dinero de parte de una anciana. Me gustan los Beatles, jugar a la ruleta y andar en bicicleta. No soporto en absoluto las canciones de protesta ni el vino del tipo beaujoulais.»

    Si Borges tuviera un blog

    «Los contadores gratuitos para sitios de internet y los bebés recién nacidos son abominables, porque multiplican el número de las visitas.» Manuel Braga (De su libro Si Borges tuviera un blog)


    Mientras tanto

    — Ardua tarea se ha propuesto, déjeme decirle, Don Manuel.
    — ¿A qué se refiere?
    — Vea Usted que venir a ponerse a la altura de Jorge Luis, no es poca cosa. ¿Usted cree que podrá?
    — No se me achique, que algo hemos leído.
    — Usted bien lo dijo: Algo. ¿Habrá que leerse todo?
    — Usted cree que si Borges tuviera un blog, ¿escribiría cuentos en él? Hágame el favor... sírvase unos mates y póngase a pensar conmigo.
    — Como usted diga Manuel, mientras tanto también me voy pensando mi nombre.
    — Vaya nomás, que la noche es corta y me encuentro inspirado.
    — ¿Y ponemos un contador o no ponemos?
    — Abominables... pero necesarios para saber que somos leídos...
    — Claro... evidentemente no somos Borges.
    — ¿Y quiénes somos?... ¿Dónde estará el perdido antepasado persa o el noruego, dónde el azar de no quedarme ciego, dónde el ancla y el mar, dónde el olvido de ser quien soy?...
    — Manuel...
    — ¿Dónde?
    — Acá, Manuel... despierte ya.
    — Ah, perdón... no, evidentemente no somos Borges.

    Soy, literalmente, Borges

    — En Nueva Refutación del tiempo, Borges dice:

    ¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la serie del tiempo?
    ¿Los fervorosos que se entregan a una línea de Shakespeare no son, literalmente, Shakespeare?

    — Gastón, dígame... si me entrego a una línea de Borges, ¿no soy, literalmente, Borges?
    — Pero usted no es fervoroso, Manuel.
    — ...


    Citarse a sí mismo

    — Manuel... dígame, ¿usted cree que está bien citarse a sí mismo?
    — ¿Por qué me hace esa pregunta , Gastón?
    — ¿Por qué me dice Gastón?
    — Porque no sé como se llama todavía.
    — Bien... seré Gastón, es un nombre de erudito.
    — ¿Por qué me hace esa pregunta, Gastón?
    — ¿Cuál pregunta?
    — "¿Usted cree que está bien citarse a sí mismo?"
    — Ah, no, por supuesto que no está bien.
    — Por una cuestión de ética, supongo, ¿verdad?
    — Más bien por temor, díria yo.
    — ¿Temor al ridículo?
    — ¡No, señor! Temor a dejarse plantado, imaginese, uno se cita a sí mismo y luego se falla... ¡una barbaridad!
    — Terrible! Gastón! Una falta de respesto absoluta!
    — No se cite más, Manuel, hágame caso.
    — Lo haré, Gastón, gracias por su recomendación.
    — Faltaba más.
    — Perdón, pensé que había terminado.
    — ...

    Citar a Borges

    — ¿Qué le pasa Manuel? Lo noto desmoralizado...
    — Así es, Gastón...
    — ¿Tuvo algún problema?
    — No podría decir que se trata de un problema... más bien una preocupación... Sucede que hoy mismo, lo he citado a Borges dos veces, primero a las 9:08 y luego a las 9:38.
    — ¿Y qué es lo que le preocupa?
    — ¿No se da cuenta?
    — ¿De qué, Manuel?
    — Que no ha venido, Gastón... no ha venido...

    Llamado telefónico

    — Gaston!
    — Si señor.
    — Enseguida! Tenemos un asunto urgente.
    — Como no, aquí estoy señor, usted dirá.
    — Estoy diciendo.
    — Bien, lo escucho.
    — Telefonéeme a ese impostor que se hace pasar por Giovani.
    — Ya mismo?
    — Si señor.
    — Y para qué?
    — Cómo para qué? Que se cree? Como me pregunta eso?
    — Para saber los motivos señor.
    — Usted lo llama y me lo pasa, nada más.
    — Bien, señor, como usted diga.
    — Ya dije.

    (Llama)

    — Hola. Buenas noches, quisiera hablar con Giovanni.
    — No esta. Tu tu tu

    (vuelve)

    — Y entonces?
    — No estaba.
    — Quien.
    — Giovani.
    — Como sabe?
    — Me dijeron que no estaba.
    — Pero yo le dije que me comunicara con el impostor.
    — Tampoco estaba.
    — Como sabe? ...


    (llama)

    — Hola. Buenas noches, quisiera hablar con el impostor.
    — Cual de ellos?
    — El que se hace pasar por Giovanni.
    — Si, soy yo.
    — Bien, enseguida le van a hablar.
    — Quien?
    — Manuel Braga.
    — Digale que no estoy.
    — Ya le dije y no me creyó.
    — Pues repitaselo. Tu tu tu

    (vuelve)

    — Y entonces?
    — Dice que no esta.
    — Como dice que no esta?
    — Asi fue, señor.
    — Me dijo en principio que estaba, pero luego, cuando le dije que le iba a pasar con usted, me dijo que ya se había ido.
    — Como es posible?
    — No lo sé, asi fue.
    — Déjeme a mi.


    (va hacia el telefono)

    — Hola. Buenas noches, soy Manuel , quiero hablar con Giovanni.
    — No está.
    — Entonces deme con el impostor.
    — Cual de ellos?
    — Cualquiera.
    — Para que?
    — Como para que? Para hablar con el.
    — Pero acerca de que?
    — Es un asunto personal.
    — Bien, aguarde.
    — ...
    — ...
    — No está.
    — Bueno, entonces deme con otro.
    — Cual de ellos.
    — Cualquiera.
    — Espere.
    — ...
    — ...
    — Si, que desea.
    — Hablar con el impostor.
    — El habla.
    — No le creo.

    Desorden en el blog

    — Gastón: de inmediato a mi oficina!
    — Le falta el verbo, señor.
    — Sabe que soy agnóstico, Gastón, que me dice?
    — Que le falta el verbo, usted dirá: venga, acuda, asista.
    — El que más le guste, Gastón, pero rápido.
    — Si, señor, aquí estoy, ¿en qué puedo serle útil?
    — En el arte de la conversación, Gastón, como siempre.
    — Muy bien, a su servicio, señor.
    — Dígame una cosa, Gastón… ¿hace mucho que no viene la mujer de la limpieza?
    — Nunca tuvimos mujer de la limpieza, señor.
    — Con razón.
    — No recuerdo haber contratado a alguna sin razón, tampoco.
    — Digo que con razón el desorden.
    — ¿A qué se refiere, señor?
    — Esta mañana, Gastón, encontré cuatro comentarios apilados en un rincón.
    — Cosa curiosa, señor. Pensé que había obtenido una casilla para recibirlos.
    — Eso mismo había hecho, pero se ve que luego lo olvidé.
    — ¿Y pudo recuperarla entonces?
    — Si, pero también olvidé mi contraseña.
    — No puedo ayudarlo entonces, Usted nunca me dice sus contraseñas.
    — Es que usted siempre me reconoce. De cualquier manera ya he solucionado el problema.
    — Me alegro, señor. Le diré a los comentarios que ya pueden venir a visitarnos, ahora que tienen donde alojarse.
    — Por favor, Gastón, encárguese pronto de ese asunto.
    — Si señor.
    — …
    — …
    — Señor Manuel…
    — Si, Gastón.
    — Tengo una duda.
    — Dígame, Gastón, ya sabe que ahora me puede comentar todo lo que quiera.
    — ¿Alguien dijo algo acerca de mí?
    — ¿Cómo qué?
    — No sé… alguna critica…
    — No, nadie habló de usted, Gastón.
    — Gracias Señor.
    — ¿Por qué me da las gracias?
    — A usted no, al verbo.
    — Ah…

    1º Conversación entre Manuel y Gastón después de un año de que Gastón se quedara atrapado detrás de una puerta

    — Manuel...
    — El mismo. Quién me habla?
    — Gastón.
    — Gastón... cuánto tiempo..?
    — Casi un año.
    — No esperaba su regreso.
    — Nunca me he ido, Manuel.
    — No?
    — No.
    — Y dónde estaba?
    — En la cocina.
    — No me diga?
    — Perdón, pero es que ya le dije.
    — Lo sé.. qué extraño, hace un año que no voy a la cocina?
    — No, Manuel, sí vino a la cocina, sólo que no me vio.
    — Pero dónde estaba?
    — Usted o yo?
    — Usted.
    — Detrás de la puerta.
    — Y que hacía ahí?
    — Esperaba a que la cerrara para poder salir.
    — Gastón, no sea ridículo.
    — Qué tengo?
    — Esas medias no le combinan.
    — Fíjese en lo que se fija, Manuel.
    — Si, eso hago siempre.
    — Digo, que mire en lo que pone su atención después de un año de no saber nada de mí, a usted le parece?
    — Si me parece qué?
    — Si a usted le parece fijarse en esa nimiedades digo!
    — No me levante la voz.
    — Es que no lo oigo si no.
    — Está bien. Y cómo anda?
    — No lo sé, hace un año que no muevo las piernas.
    — Por favor, pase al living, quiere tomar un té?
    — Si, se lo agradecería.
    — Agradézcamelo ahora.
    — Gracias Manuel.
    — De nada.
    ...
    ...
    — Gastón...
    — Sí, Manuel.
    — Estoy aburrido un poco.
    — Charlemos.
    — Si, me gustaría, pero es que no sé de que hablar.
    — Usted hable nomás, yo lo guío.
    — Está bien.
    ...
    — Escucho voces a veces.
    — Ahá... y qué le dicen.
    — A mí nada, hablan entre ellos.
    — Los vecinos.
    — Si.
    — Sigue escribiendo?
    — De vez en cuando.
    — Y acerca de qué?
    — Acerca de usted.
    — Caramba, Manuel, no lo sabía.
    — Porque no se lo había contado.
    — Y qué dice de mí?
    — Lo que usted piensa.
    — Ahá... y qué pienso yo?
    — Usted sabrá...


    — Estuve pensando..
    — Perdón pero no sé quién habla.
    — Soy yo, Gastón.
    — Si, dígame.
    — Digo que estuve pensando mucho.
    — Acerca de qué.
    — Acerca de la puerta.
    — Lo sospeché. Y qué pensó?
    — Que deberíamos hacerla vaivén. Instalar algún dispositivo mecánico.
    — Sí, sería conveniente.
    — O hacerla de vidrio. Algún material transparente.
    — Usted podría haberme llamado.
    — Estaba lejos del teléfono.
    — Haberme gritado.
    — Nunca le quise levantar la voz.
    — Ahora lo hizo.
    — Estaba lejos, no lo oía.
    — Antes no lo pensó así?
    — Pensé que no estaba.
    — Y lo hubiese hecho cuando estaba en la cocina...
    — En ese caso usted estaba cerca.
    — Hubiese golpeado a la puerta, Gastón.
    — Por qué? Ella no tiene la culpa.
    — La hubiese corrido.
    — Correrla? Si estaba quieta.
    — Digo, que la hubiese empujado con las manos.
    — Pobrecita...
    — Cerrarla, Gastón.
    — Y después como salía de la cocina?
    — Abriendo la puerta.
    — Ya estaba abierta, usted no entiende.
    — Deje...
    ...
    — Gastón.
    — Si, Manuel.
    — Dígame un cosa.
    — Qué cosa?
    — No sé, algo.
    — Hace una hora que hablamos.
    — Extraño el paso del tiempo.
    — Sí lo es.
    — Digo que yo extraño el paso del tiempo.
    — Ah.
    — Desde que se rompió mi reloj siempre son las 8 y media.
    — Dígamelo a mí.
    — Eso estoy haciendo.
    — Digo que a mí me pasa algo parecido.
    — No me diga?
    ...
    — Es curioso.
    — Siempre lo fui. Creí que así le agradaba.
    — Si, me agrada.
    — Entonces no se queje.
    — No me quejo, sólo estoy dialogando.
    — Me parece bien, nos hacía falta.
    — Hacía.
    — Si, mucha falta.


    Posibilidades de conversación entre Manuel y Gastón acerca de una torta, un cumpleaños y la falta de huevos

    — Gastón, lo noto preocupado, le sucede algo malo?
    — Nada muy grave Manuel, pero es que acabo de notar que me he quedado sin huevos.
    — Sin huevos? y para que quería usted huevos?
    — Para hacer una torta, Manuel.
    — Una torta? Para que iba a usted a hacer una torta?
    — Para su cumpleaños Manuel.
    — Para mi cumpleaños?
    — Perdón Manuel, pero va a repetir cada cosa que yo diga en forma de pregunta durante mucho tiempo más?
    — Si mucho tiempo más?
    — Exacto.
    — No Gastón, pero es que me sorprende que haga usted una torta de vainilla para mi cumpleaños.
    — Yo no dije que fuera de vainilla...
    — Ah no?
    — No... es más bien de chocolate.
    — Y por qué? Acaso no es mi cumpleaños?
    — Si lo es.
    — Y no puedo elegir el gusto de la torta?
    — Bueno, es que iba a ser una sorpresa, no podia preguntarle.
    — Y por qué me lo dijo entonces?
    — Bueno, más bien no se lo dije sino que usted me preguntó.
    — Que le pregunté qué?
    — Por qué estaba preocupado.
    — Y era por mi cumpleaños? O por el sabor de la torta?
    — Ni lo uno ni lo otro, más bien por la falta de huevos señor.
    — Caramba Gaston, de qué habla?
    — Que me faltan huevos para hacer la torta.
    — Y vaya a comprar en vez de preocuparse.
    — Es que está cerrado.
    — No puedo solucionarle todos los problemas Gastón.
    — Yo no le pedí ninguna solución.
    — Bueno entonces no se queje.
    — No no, si no me quejo.
    — Mejor así.
    — Así es.

    — Gastón, lo noto preocupado, le sucede algo malo?
    — Nada muy grave Manuel, pero es que acabo de notar que me he quedado sin huevos.
    — Y para que necesitaba los huevos Gaston?
    — No puedo decirle, es una sorpresa.
    — Una sorpresa? Entonces no puedo ayudarlo verdad?
    — Si, puede ayudarme.
    — Como?
    — Yendo a comprar huevos!
    — Y por que no va a Usted?
    — Claro que puedo ir, pero en ese caso no veo su ayuda.


    — Gastón, lo noto preocupado, le sucede algo malo?
    — Nada muy grave Manuel, pero es que acabo de notar que me he quedado sin huevos
    — Y?
    — Nada...


    — Gastón, lo noto preocupado, le sucede algo malo?
    — No, estoy genial.

     

    Un livre est publié, qui réunit un grand nombre de textes tirés des deux blogs de l'auteure.

    Le livre est imprimé à 100 exemplaires, numérotés, en vente à 10€.

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    16 rue du Santeuil
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